viernes, 23 de mayo de 2008

Donde los ojos de la madera observan


Mi nombre


Hay un silencio que las palabras no pueden tocar.

Lo hay.

Y hay un nombre dentro de mi nombre

que mi madre jamás dijo en voz alta.


Jamás lo dijo, ni una vez,

a pesar de que ella sabía que había otro nombre

que duerme dentro de mi nombre.

Ahora duerme, viejo nombre,

ya que nadie quiere saber de ti.


Mi madre, ella ha estado muerta doce años

y se ha encogido tanto

que duerme dentro de mi nombre cuando lo dicen.


Creo que duerme

dentro de ese otro nombre también, mucho más profundo,

muchomás callado, girando una o dos veces

dentro de ese paraíso.

Duerme ahora, viejo amor,

ya es demasiado tarde para decirte algo.

El último día

Cuando llegue el último día

un arriero en Europa podrá mirar sobre su hombro

y ver sobre los surcos de la tierra dura

y finalmente ver detrás de él cómo su sombra

se regresa a su espina dorsal.


Será de mañana

por vez primera, y la larga noche

será vista tal como es,

una bandera negra que tiembla a la luz del sol.


Cada historia nuestra será rescrita

a partir del final,

y cada uno escuchará el aplauso de los campos y ríos

y bajo los árboles.


Los viejos huesos

se cubrirán de carne;

flechas, balas, regresarán

a las heridas ya cicatrizadas,

las mujeres se aferrarán a sus hijos ya hombres


y los hombres verán

las palmas de sus manos vacías;

finalmente habrá tiempo

para decir las cosas correctas,

ver a nuestros enemigos cara a cara

y mirarnos

ya perdonados, antes de que los libros florezcan en las flamas,

los espejos nos regresen nuestro rostro

y todo nos sea arrancado,

incluso nuestros nombres.

El cuarto

Es mi casa; sin embargo, una habitación está cerrada con llave.

La oscuridad se ha enraizado en las cuatro paredes.

Es un cuarto donde los ojos de la madera observan,

una habitación que le da la espalda al resto de la casa.


En la noche escucho a los grillos enumerar sus penas

y dejo que una antigua paz me penetre.

El sueño intercepta mi oración y en la oscuridad

la casa gira silenciosamente alrededor del cuarto cerrado.

La palabra

Di madera y todo estará limpio de nuevo.

La palabra está alrededor tuyo, como la noche,

imposible de atrapar.


Tu boca está oscura.

Una astilla encontró un rápido camino en ti.

Ese viejo árbol partido por un relámpago no se moverá.

La fina lluvia del año pasado se congeló muy dura dentro del tronco

y ahora carne de miel brilla a través de una rama quebrada.


Tu boca está oscura. Entra lejos en ti.

Deja que la quietud se acumule ahí, después di la palabra.

Poema de retirada oscura

Oscura, ahora es el verano: las noches se sienten

bajo mi camisa, y eso es bueno.

Los árboles se mecen un poco cuando alcanzan una gran altura,

y a mayor elevación los nidos y estrellas se encuentran quietos.


Las avispas que tanto temen mis hijas

se encuentran apretujadas en su panal de lodo, cerca de cables

eléctricos sueltos,

y esas dos chicas, remojadas en el día húmedo,

profundizan en el sueño;

y me he quedado solo

contigo adentro y esos salvajes cables eléctricos allá afuera.

Y juego con mi camisa desabotonada a la mitad

y creciendo en esas hojas ensombrecidas.


Y en un piquete negro y amarillo de verano

una sola palabra puede oscurecer el cuarto más grande

hasta en verano:

cristal sobre mi pan,

año sobre año.


Aun así yo daría

este aire quemado por el sol por una sola palabra,

oscura,

aunque fuese una palabra que llenara mi boca con sangre;

pero te mantienes quieta,

escondida ahí, detrás de mi muerte,

año sobre año, tu voz.

Daría esta luz color champán

para saberlo una vez más,

aunque se esconda tras el canto de un gorrión.

publicado en El Financiero online (22 de mayo de 2008)